El miedo, ¿enemigo o aliado? El miedo es una emoción que se despierta en nosotros cuando nos encontramos ante algo que sentimos como amenazante. Como tal emoción, parte del sentimiento y no del razonamiento. Puede verse como una señal de alarma que se dispara en nuestro interior y que nos impulsa a movilizarnos para la huída o a protegernos. Aunque el miedo, en general, resulta una experiencia desagradable, se trata de una emoción necesaria para la supervivencia. Si, por ejemplo, nos encontramos ante un riesgo real, esa tendencia a escapar o a protegernos es la que nos daría mayores probabilidades de supervivencia.
Por lo tanto, un primer paso cuando sentimos miedo es poder diferenciar si nos está avisando de un peligro real para la supervivencia o de un peligro creado por nuestra mente.
Decimos que se trata de un peligro creado por nuestra mente, cuando ese miedo aparece condicionado por experiencias pasadas desagradables, por desconocimiento o incertidumbre ante una determinada situación o por percepción de falta de recursos para hacer frente a algún evento actual o inminente.
En estos casos el miedo ya no es una emoción protectora y beneficiosa sino que puede ser perturbadora y amenazante. Llegado a este extremo, es muy importante nuestra actitud y nuestra capacidad de afrontamiento, es decir, si percibimos ese miedo como a un enemigo del que hay que escapar o nos dejamos vencer por el mismo, esa tendencia de acción nos llevará con el tiempo a que el miedo se intensifique y vaya invadiendo cada vez más áreas de nuestra vida. A la vez, nos bloqueará y nos hará sentir inseguros. Sería equivalente a alimentar al fantasma que hemos creado.
Si negamos o ignoramos el miedo, sería como no atender una alarma que nos avisa de un incendio. El hecho de no atender la alarma, no apaga el fuego. Esto significaría desatendernos o no aceptar algo de nosotros mismos.
Podemos percibir el miedo como una dificultad que conviene abordar. Aliarnos con el miedo significa detectar la información que nos está transmitiendo, comprender su mensaje, mirarlo a los ojos y hacerle frente. El miedo nos aporta una valiosa información que bien utilizada nos llevará a afrontar adecuadamente la situación temida. Hay que tener en cuenta que cada caso es único y que es importante elaborar un plan de afrontamiento adecuado a las necesidades y ritmos de cada persona y contexto. A medida que vayamos afrontando adecuadamente la situación temida, iremos reestableciendo nuestro sentimiento de confianza y seguridad y ese fantasma se irá desvaneciendo. Al mismo tiempo, estaremos creciendo a nivel personal, adquiriendo o recuperando habilidades y recursos. Así, podemos ver en el miedo a un aliado, una oportunidad de crecimiento, superación y cambio.
Si somos nosotros quienes un día fabricamos ese fantasma en nuestro interior, también debemos ser capaces de desmontarlo.
Aunque todos tenemos en nuestras manos la capacidad de desafiar al miedo, sin embargo deberemos tener presente que, cuando llegue el momento de encararlo los razonamientos y las discusiones de carácter lógico en muchas ocasiones no valdrán.
No siempre es posible afrontar con éxito estas situaciones. Bien por cansancio, debilidad, tristeza, o por cualquier otra situación personal, en muchas ocasiones no somos capaces de enfrentarnos al miedo como debiéramos.
En estas circunstancias es muy aconsejable solicitar el apoyo de expertos psicólogos que nos ayuden a reconducir la situación y nos guíen en nuestro enfrentamiento al miedo.
¿Qué hacer entonces? Los psicólogos recomiendan ante estas situaciones:
• Ocuparse en lugar de preocuparse, desarrollando actividades o pensamientos más enriquecedores.
• Tener presente que las emociones negativas como el miedo nos paralizan, deprimen y generan elevados niveles de sufrimiento, frente a las emociones positivas, que nos permiten asomarnos a la vida con seguridad, tranquilidad y capacidad Volver
| |